5 de julio de 1811. Testimonios artísticos. Pinturas de la República

Testimonios artísticos sobre el 5 de julio de 1811
Pinturas de la República
 

Tras haberse consumado la independencia, la sociedad venezolana tomaría nuevos rumbos. Estos cambios no solo se expresaron políticamente, también ocurrieron importantes transformaciones en el ámbito de las artes plásticas al plasmar la nueva realidad republicana; expresión de ellos fueron las representaciones artísticas de los hechos, personajes y batallas más emblemáticos y determinantes de ese proceso de transformación ocurrido en nuestra sociedad.

Artistas como Juan Lovera y Martín Tovar y Tovar, entre muchos otros, expresaron a través de la pintura estos hitos históricos de la vida republicana, de acuerdo a los distintos contextos y diversas influencias que impactaron la obra de cada uno de ellos. En el caso de Juan Lovera, fue testigo de los sucesos que recoge en sus dos más importantes obras de tema histórico: el 19 de abril de 1810 y el 5 de julio de 1811, esta última se encuentra expuesta actualmente en la Capilla Santa Rosa, lugar donde se discutió y aprobó la Independencia absoluta de España.

La obra de Martín Tovar y Tovar que lleva por título “El Constituyente del 5 de julio de 1811” fue realizada a solicitud del presidente Antonio Guzmán Blanco, para que formara parte de los actos conmemorativos del primer centenario del nacimiento de Simón Bolívar en 1883 y fue colocada en los espacios del Capitolio Federal, hoy Palacio Legislativo y sede de la Asamblea Nacional. Cabe destacar que, durante los gobierno de Guzmán Blanco (1870-1888),  hubo especial interés en promover la realización de obras artísticas que diesen cuenta de los momentos fundamentales de la Historia de la Nación, proyecto en el cual ocupó lugar destacado Martín Tovar y Tovar, con la obra ya citada, así como con los monumentales lienzos sobre la batalla de Carabobo y otras importantes batalles de la Independencia de Suramérica, las cuales se encuentran en el Salón Elíptico del entonces Capitolio Federal.

En ambos casos, tanto las obras de Lovera como de Martín Tovar y Tovar, sobre el 5 de julio, más allá de la diferencia temporal que hay entra cada una de ellas, son puntos de referencia fundamentales en la representación de este hecho destacando la presencia y participación de los civiles, tal como ocurrió el 5 de julio de 1811.

 

5 de Julio de 1811 / Juan Lovera
Colección Museo de Caracas. Concejo Municipal, Capilla Santa Rosa
Personajes.

  1. Juan Antonio Rodríguez Domínguez / Presidente – Diputado de Nutrias
  2. Luis José de Cazorla / Diputado de Valencia
  3. Gabriel Perez de Pagola / Diputado de Ospino
  4. El Marques del Toro / Diputado del Tocuyo
  5. Juan Toro / Diputado de Valencia
  6. Fernando Toro / Diputado de Caracas
  7. Mariano de la Coba / Diputado del Norte
  8. Francisco Javier Yánez / Diputado de Araure
  9. Ramírez / Diputado de Aragua
  10. Isidoro Antonio López Méndez / Diputado de la Capital
  11. José Vicente Unda / Diputado de Guanare
  12. Luis Ignacio Mendoza / Vicepresidente – Diputado de la Villa de Obispos
  13. Martin Tobar Ponte / Diputado de San Sebastián
  14. Lino de Clemente / Diputado de Caracas
  15. Juan Nepomuceno Quintana / Diputado de Achaguas
  16. Manuel Placido Maneiro / Diputado de Margarita
  17. Francisco Javier Uztáriz / Diputado de San Sebastián
  18. Juan Germán Roscio / Diputado de la Villa de Calabozo
  19. Francisco Isnardi / Secretario
  20. José Luis Cabrera / Diputado de Guanarito
  21. Fernando Peñalver / Diputado de Valencia
  22. Felipe F. Paul / Diputado de San Sebastián
  23. Francisco Javier de Mayz / Diputado de la Capital
  24. Manuel Palacios / Diputado de Majigual
  25. José Ángel Álamo / Diputado de Barquisimeto
  26. Ignacio Fernández / Diputado de Barinas
  27. Juan Bermúdez / Diputado de Barinas
  28. José de Sata y Busy / Diputado de San Fernando
  29. Francisco Policarpio Ortiz / Diputado de San Diego
  30. Francisco de Miranda / Diputado del Pao
  31. Salvador Delgado / Diputado de Nirgua
  32. Manuel Vicente Maya / Diputado de La Grita
  33. Francisco Hernández / Diputado de San Carlos
  34. Juan José de Maya / Diputado de San Felipe
  35. Nicolás de Castro / Diputado de Caracas

 

Juan Lovera
Caracas, 11/07/1776 -  Caracas 20/01/1841
 

Artista, llamado “El Pintor de los Próceres”, autor de los cuadros El 19 de abril de 1810 y El 5 de julio de 1811. Hijo de Atanasio Lovera, cerero y de Juana Rosalía Arechederra; pertenecientes al grupo étnico-social de los pardos libres. Realizo sus primeros estudios en el convento de los dominicos, llamado de San Jacinto, donde enseñaban la pintura. Estudio con Antonio José Landaeta, en calidad de aprendiz. Uno de sus primeros trabajos es un retrato de Alejandro de Humboldt (1799). En 1808. Lovera trabajaba en La Victoria, donde contribuyó a la reconstrucción de la iglesia parroquial pintando las puertas, las ventanas, el zócalo y las barandas del coro, además de dorar el retablo y ejecutar para el remate de este un cuadro del Padre Eterno. Según Carlos F. Duarte: “…toda la actividad llevada a cabo en esa iglesia denota la asimilación y apego a las formas tradicionales del arte y la artesanía, transmitidas por la escuela de los Landaeta…”la primera obra importante de Lovera que se conoce, pintada hacia 1809, es el retrato de Tomas Hernández de Sanabria, rector de la Universidad de Caracas, acompañado por el clérigo Juan Félix de Arana. La copia hecha por Lovera del cuadro los cuatro elementos, original del artista Lebrún, dio motivo para la primera crónica de arte en Venezuela, escrita por Francisco Isnardi y publicada en la revista Mercurio Venezolano en enero de 1811. Después del terremoto de marzo de 1812, se le encarga un trabajo de pintura y yeso para la capilla provisional del arauli, en las afueras de Caracas, donde oficia el arzobispo Narciso Coll y Prat. Partidario de la causa independentista, Lovera figura con Lino Gallardo entre los patriotas señalados por la junta de calificación que se formó tras el triunfo del capitán de fragata Domingo de Monteverde, en agosto de 1812. En julio de 1814, emprende la emigración hacia oriente, cuando las fuerzas de José Tomas Boves se acercan a caracas. Reside breve tiempo en Cumaná. Regreso a Caracas y en noviembre de 1820 pintó un cuadro de La Divina Pastora para el presbítero José Cecilio Ávila. A comienzos de 1821, junto con el músico Lino Gallardo y otras personas, era profesor de dibujo en un instituto de educación creados por ellos, en el cual se daban también, conciertos y se representaban “operetas de buen gusto”. En julio de ese mismo año, hizo los ornamentos del Cabildo Municipal para las celebraciones de la batalla de Carabobo. En septiembre, el general Carlos Soublette, vicepresidente del Departamento de Venezuela, lo nombra corregidor de Caracas; residía en Chacao y se traslada a la capital para cumplir ese cometido. En 1822, era alcalde de ordinario del Cabildo caraqueño. Durante los años 1823 y sus siguientes, ejecuta varios retratos, entre ellos los de Antonio José de Sucre, Cristóbal Mendoza, Mariano Herrera Toro, Casimiro Vegas y del Libertador Simón Bolívar, este último en 1827. En 1828, se asoció con el coronel Francisco Paula Avendaño, quien había trasladado a Caracas una prensa litográfica que, desde 1823, tenía en la guaira e instalaron un taller en casa de Juan Lovera, que fue frecuentado por varios artistas; allí se imprimirían los primeros trabajos litográficos hechos en Venezuela; en 1830, Avendaño vendió esa prensa a Antonio Damirón. Lovera continuó ejecutando retratos, pero no dejó de tratar el tema religioso, con un Ecce Homo y una Dolorosa pintados en 1832. También ejercía la docencia regentada en las escuelas de primeras letras de Caracas cuyo director era Vicente Méndez, una Academia de Dibujo a la cual asistían 22 alumnos, entre los Celestino Martínez y Pedro Lovera. Durante mucho tiempo, se había considerado que este último era hijo de Juan Lovera, quien nunca se casó; pero recientes investigaciones de Carlos F. Duarte han planteado dudas sobre esa presunta paternidad. En 1835, Juan Lovera pintó el primero de sus dos cuadros históricos celebres, El 19 de abril de 1810, donde presenta los sucesos acaecidos ese día ante las puertas de la catedral de Caracas, y lo obsequió a la Diputación Provincial, la cual le recompensó con 300 pesos. El año siguiente, ejecuta el retrato de José María Vargas, presidente de la Republica, es elegido concejal suplente del Ayuntamiento de Caracas. En 1837, realiza la segunda de sus grandes obras históricas. El5 de julio de 1811, que entregó en enero de 1838 al Congreso Nacional, debajo de la escena, mediante dibujos hechos a pluma y numerados, el artista identificó a los personajes. Una de las últimas obras de Lovera (1838) fue el cuadro donde figuran Marcos Borges y su hijo Nicanor.

Manuel Pérez Vila

Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Empresas Polar, 1997.

 

El Constituyente del 5 de Julio de 1811 / Martin Tovar y Tovar
Colección Palacio Federal Legislativo. Asamblea Nacional.
Personajes.

  1. Juan Germán Roscio.
  2. Pbro. Manuel V. de Maya.
  3. Isidoro López Méndez.
  4. Marqués de Toro.
  5. Francisco Javier Ustáriz.
  6. Juan Antonio Rodríguez Domínguez.
  7. Padre Luis Ignacio Mendoza.
  8. Francisco Javier Yanes
  9. Tovar Ponte
  10. Francisco Isnardi
  11. Manuel Palacio Fajardo
  12. Francisco de Miranda
  13. Antonio Nicolás Briceño
  14. José Ángel Álamo
  15. Nicolás de Castro
  16. Gabriel de Ponte
  17. Lino de Clemente
  18. Felipe Fermín Paul

 

Martín Tovar y Tovar
Caracas 10/02/1827 – Caracas 17/12/1902
 

Pintor. Hijo del militar español Antonio Tovar y de la venezolana Damiana Tovar Liendo. Se educó en el colegio de La Paz donde tuvo como profesores de dibujo a Carmelo Fernández y Celestino Martínez. Cuando contaba 17 años adquirió junto con un socio Meneses y Tovar. En 1850, fue enviando por sus padres a España seguir estudios de pintura; ingresa a la Academia de San Fernando en Madrid, donde recibe clases de José Federico de Madrazo y de Antonio Esquivel. Asiduo visitante del Museo del Prado, copia a Murillo y a Velázquez y es fuertemente cautivado por la obra de Goya. Tras impregnarse bien de las tendencias del verismo español, que deja alguna huella en su obra, se traslada a Paris y en 1852, entra al taller de León Cogniet, reputado académico y profesor también de Jean Paul Laurens. Con una sólida formación de retratista, regresa a Caracas en 1855 y ofrece sus servicios al gobierno para la formación de un museo de copias de obras, pero no encuentra apoyo para dicha empresa. Aunque pinta con escaso entusiasmo entre 1855 y 1860, a esta primera etapa pertenecen algunos de sus mejores retratos y quizás su mejor obra en este género, el retrato de su hermana Ana Tovar y Tovar de Zuloaga. A comienzos de 1859, empieza a dar clases de dibujo (natural, lineal y topográfico) en el colegio Roscio de la capital. En 1862, decide regresar a Europa y se traslada a Londres para asistir a la exposición del Crystal Palace, en donde se están exponiendo2 lienzos suyos, uno de los cuales es una Escena llanera, que había pintado en Caracas en 1860, especialmente para este evento. De nuevo en caracas, establece en 1864, en sociedad con José Antonio Salas, un estudio conocido como Fotografía Artística de Tovar y Salas, establecimiento muy concurrido por artistas y políticos de la época. Tovar emplea la fotografía del modelo como base del retrato al óleo, tarea a la que se consagra durante un tiempo. En 1872, tres oleos suyos fueron exhibidos en la exposición que James Mudie Spence organizó en el Café del Ávila. Entre los contertulios de la Fotografía Artística se hallaba el general Antonio Guzmán Blanco, quien había alcanzado la presidencia de Venezuela en 1870. Por iniciativa de este, en 1873 Tovar contrata con el gobierno la ejecución de una serie de 30 retratos heroicos, destinada a formar la galería de cuadros del Palacio Federal, para entonces en proceso de construcción. Se traslada a Paris a fin de cumplir este encargo que cambió por completo el rumbo de su vida: el artista revelará su faceta de pintor de historia y con ello, su más ambicioso estilo. A estas obras un tanto convencionales, siguieron sus grandes composiciones históricas. Así, en 1883, también por encargo del gobierno, concluye el lienzo La firma del Acta de Independencia, que él mismo trae consigo desde Paris, a tiempo para ser exhibido, con gran éxito, en la exposición del centenario del natalicio de Simón Bolívar y obtiene la única Medalla de Oro que se concede en la sección de pintura en la cual está concursando los mejores pintores venezolanos del momento. En 1884 firmó un nuevo contrato con la administración de Guzmán Blanco para realizar un grupo de 6 lienzos murales destinados al salón elíptico del Palacio Federal. El más importante de estos fue la Batalla de Carabobo, al que se consagró con gran empeño y que constituye una obra capital de arte nacional. Tres años invirtió en concluirlo y al fin, en 1887, el artista está de regreso de Paris para dirigir la instalación del lienzo en la gran bóveda elíptica que corona el salón. También realizo las batallas de Boyacá y Junín (1894), situadas en los plafones laterales, adyacentes a la bóveda, pero este último lienzo se desprendió de su sitio en 1902 quedó destruido. Antonio herrera Toro ejecutó una réplica del mismo guiándose por el boceto en que se había basado Tovar para hacer el original. No alcanzo a pintar los 3 murales restantes y la batalla de Ayacucho fue ejecutada también por Herrera Toro según su boceto. Después de 1890, declino su actividad retratística y tampoco recibió nuevos encargos de obras históricas. El pintor se tornó más retraído y volvió su mirada hacia el paisaje, para el que siempre mostró grandes facultades. La Batalla de Carabobo está concebida como un escenario. La naturaleza (la luz y los cielos en especial) tiene rol protagónico y Tovar se esmeró en hacerla verosímil mediante apuntes que él mismo se ocupó de tomar en el terreno de los hechos.  Pintó en el valle de Caracas y en el litoral, aplicándose a la observación del natural con una voluntad que ponía de manifiesto cierto espíritu moderno, aprendido de los paisajistas europeos, que ha dado lugar a que se le considere como un precursor inmediato del paisajismo del Circulo de Bellas Artes. Su influencia está también en sus inmediatos seguidores, herrara Toro y Arturo Michelena. Fue también un retratista incomparable, cuyo nivel técnico estaba a la altura de su penetrante don de observación del espíritu humano. En el retrato fue intimista y extrovertido, interpretó el carácter femenino y supo expresar las pasiones que abrigaban sus héroes. Por último, fue uno de los primeros pintores venezolanos que observó fielmente la naturaleza. Sus restos yacen en el Panteón Nacional desde el 22 de septiembre de 1983.

Juan Calzadilla

Diccionario de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Empresas Polar, 1997.

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